El Estado de Bienestar y la corriente neoliberal, ambas modalidades del sistema capitalista, hoy se encuentran en la palestra. No es el fin del capitalismo, a mi parecer.
Carlos Marx tuvo una gran ventaja al iniciar su largo camino del análisis y crítica del sistema capitalista. Lo admiró profundamente. Si alguien, un estudioso de alguna materia, no deja de sorprenderse y maravillarse del objeto de su análisis, tendrá la posibilidad de ver los mecanismos de ese objeto de análisis con mayor rigor que lo haría alguien que solo se acerca a ese mismo objeto de análisis con el ánimo de criticar su funcionamiento.
Nuestro amigo alemán conocía el capitalismo desde su esencia, no solo conocía sus señales mas evidentes y cotidianas de explotación, sino que se centró de verdad en conocer cómo funcionaba. Por eso, creo que Marx no celebraría los problemas de sostenibilidad que arrecian hoy en día. Podría especular cuál sería su reacción pero no lo celebraría.
Capitalism Now
Si hace algunos años algunos economistas ya hablaban de la poca fortaleza del sistema crediticio libre de controles que circuló por el mundo y algunos parlamentarios europeos ya hablaban -por esos mismos años- de las debilidades y riesgos del euro y de la eurozona, incluso del Estado de Bienestar (Offe) no debe sorprendernos del todo que estos pronósticos se hayan ido concretando. Lo que ocurrió es que la mayoría no quería ver los problemas, prefirió seguir el camino conocido a cambiar de rumbo.
La ruta de ese camino era de esperar. ¿Acaso podría tener un buen final un Banco que prestaba sin mirar cuantos ingresos tenía una persona y si era posible permitía que personas desempleadas compraran más de una casa? ¿Acaso es segura la economía de un país europeo donde la mayoría de contribuyentes están jubilándose y donde las tasas de crecimiento de población, así como la competitividad asiática no dejan espacio para el crecimiento de su industria?.
Y la pregunta siguiente es ¿Acaso es el fin de ese Banco? ¿Acaso es el fin de ese Estado?. La respuesta en ambos casos es sí y no. Es el fin en la forma de funcionamiento de ese Banco y es el fin de la organización y objetivos de ese Estado. En ninguno de ambos casos el Banco (reformateado) dejará de buscar generar rentas y el Estado dejará de organizarse y prestar servicios. En ambos casos, el Banco reorientará sus inversiones para mantenerse en el mercado en este temporal y el Estado reorientará los servicios que presta de modo tenga políticas de promoción de la economía.
Pero esa mirada es institucionalista, se basa en los actores que desde el sector privado y público tienen al capitalismo como un medio de acción. El capitalismo para surgir y sobrevivir siempre hizo lazos entre el sector público y el privado, y en esto, las Corporaciones internacionales son expertas. En esta tarea, la posesión y explotación de los medios de producción son el objetivo intermedio, el objetivo final es la rentabilidad, eso le da legitimidad a este modus operandi, a este sistema.
La diferencia con otros momentos en la historia de la economía mundial, es que en esta ocasión ya se percibe lo limitado de los recursos explotables. Ya no hay grandes tierras que descubrir y colonizar, ni grandes yacimientos que explorar, ni siquiera se cuenta con energía eléctrica permanente, cada vez más se llega al límite de la producción de energía a pesar de los inmensos avances tecnológicos.
Ahora bien, si bien el capitalismo funcionó y funciona a lo largo del planeta, no lo hace con la misma intensidad en cada región, país o ciudad. Funciona en versiones más acotadas ahí cuando la rentabilidad es baja, en estos espacios existen mecanismos de economía solidaria coexistiendo con mayor fuerza. En cambio, funciona con mayor fuerza cuando la rentabilidad es mayor.
Entonces, ¿qué pasará si algunos recursos se vuelven escasos? ¿si el agua se vuelve escasa en algunos lados y no en otros? ¿si el combustible fósil se vuelve escaso y existen alternativas en otros lados? ¿si los alimentos son abundantes en algunos lados y no en otros?. Me da la impresión que en escenarios así el capitalismo escogerá su mercado, irá donde haya rentabilidad, y quien perderá espacio será aquel que quiera democracia institucional, porque los políticos que prometan democracia en estos espacios no encontrarán cabida, aun cuando ganen elecciones no podrán con estas limitaciones.
En estos escenarios, el Estado ya ni siquiera podrá prometer bienestar, deberá prometer orden y un mínimo de estabilidad. En estos escenarios, los inversores privados tendrán más poder, político, económico y social.
En escenarios como este, ya no significará nada buscar el cambio social, ni la democracia radical, ni democratizar la economía. El Estado no podrá democratizar la economía en los espacios donde los inversionistas privados tienen rentabilidad, y no necesitará democratizar la economía donde la población no tenga condiciones de un nivel aceptable de vida, en cuyo caso la población buscará mecanismos solidarios de participación económica.
Volviendo a Marx, él no se habría dejado de maravillar de cómo la economía se reajustaba y no fallecía. Me queda en la retina un economista entrevistado por CNN en plena crisis financiera internacional que no paraba de decir que esto no era el fin del capitalismo y que Marx ya había muerto. Como sabemos, nuestro viejo amigo alemán acertó con los mecanismos que permitían al capital seguir funcionando, ese pobre comentarista debió leer a Marx antes de darlo por muerto, quizá así tenga empleo en la próxima modalidad de capitalismo que nos caiga encima.
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